El jefe de Estado en la época de la reproductibilidad técnica

El jefe de Estado en la época de la reproductibilidad técnica

Durante la redacción del anteproyecto de la Ley Mordaza (Ley Orgánica 4/2015, de 30 de marzo, de protección de la seguridad ciudadana) el Gobierno español intentó incorporar una sanción administrativa derivada de una infracción grave, con multas de hasta 30.000 euros, para “las infracciones graves de ofensa o ultrajes a España, sus instituciones y símbolos”, que incluía efectivamente a la Corona. El Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) desestimó esa posibilidad, destacando en su informe final que las injurias y ataques a la Corona ya estaban recogidas como delito en el Código Penal, por lo que no hacía falta introducirlas como sanción administrativa de manera paralela.

Valiéndome de un retrato oficial del nuevo rey español, Felipe VI, –obtenido a través de Patrimonio Nacional– procedí a una serie de fotocopiados correlativos hasta que la imagen dejó de tener legibilidad como retrato. Hicieron falta 22 procesos intermedios, que se realizaron de manera totalmente automática, para que el retrato oficial dejase de ser reconocible. Haciendo un guiño a Walter Benjamin y su texto Das Kunstwerk im Zeitalter seiner technischen Reproduzierbarkeit de 1936mi proyecto apunta una serie de preguntas sin respuesta: ¿Cuál de las fotografías de esa serie de copias mecanizadas de la imagen oficial de Felipe VI deja de ser un retrato oficial y por tanto puede ser destruido, volteado, quemado, intervenido, etc. sin consecuencias legales? ¿En qué momento deja de ser imagen? ¿La representación subjetiva, por ejemplo un dibujo o caricatura, puede ser considerada bajo los mismos criterios de control y persecución legal que la imagen oficial? ¿Puede una imagen irreconocible del Jefe de Estado ser ultrajada? ¿Puede encontrarse responsabilidad legal en un proceso de deformación producido en fases sucesivas por el criterio de una máquina automática?